De Stijl, 100 años de un movimiento artístico

A a principios del siglo XX mientras Europa esta en la primera gran guerra moderna, las artes ultiman varios frentes terminales, suicidas, abiertos por el Cubismo y encaminados a la disolución de las formas figurativas. Diferentes abismos para llegar a una nada que simbolice lo absoluto. Futurismo, Suprematismo, Constructivismo, Neoplasticismo. Este último, que surge en los Países Bajos y al que también se denomina De Stijl, una aproximación visionaria a las artes plásticas cuya influencia se sigue considerando innovadora en nuestros días.

– Simplificación radical
– Racionalización.
– Líneas y ángulos rectos
– Formas planas, rectas y simples (líneas, cuadrados y rectángulos)
– Colores puros
– Ritmos asimétricos equilibrados.
– Colores saturados y primarios (amarillo, azul, rojo) blanco, negro y grises.
– Fondos claros.
La nación de los polders fue neutral en la guerra del 14 y ese espacio de paz que se abre es crucial para que las investigaciones broten, las convenciones artísticas se superen y las especulaciones puedan ser contrastadas. Y, por supuesto, para que las relaciones personales confluyan más allá del dolor, el miedo y la violencia. Encuentros muchas veces fortuitos cuya razón de ser toma forma al considerarse la afinidad estética y personal de sus protagonistas, evidenciando la capacidad del destino para forjarse a sí mismo.

En 1913 Theo Van Doesburg es un joven pintor de influencia impresionista que, al leer la novela autobiográfica Pasos de Vasili Kandinsky, entiende que la verdadera dimensión espiritual de la pintura surge de la mente del artista y no de la realidad natural. Ocho años mayor que Theo, Piet Mondrian es un artista considerado en los círculos parisienses, de quien Apollinaire celebraba un innovador cubismo de intensidad abstracta que no se deja abrumar por la inevitable influencia de Picasso.

A la izquierda, diseño del arquitecto Piet Klaarhammer y Vilmos Huszar. Al lado, maqueta de la casa particular diseñada por Van Doesburg.

El cierre de fronteras por la guerra causó que Mondrian se quedase en Holanda y coincidir con Van Doesburg en 1916. Tuvo así la oportunidad de conocer por medio de este al pensador teosofista a Mathieu Hubertus Josephus Shoenmaekers, quien fue el verdadero espíritu intelectual de De Stijl. Sus libros La nueva imagen del mundo, de 1915, y Principios de las matemáticas plásticas, de 1916, para el que Mondrian incluso colaboró en algunos capítulos, sientan las bases teóricas del propio pintor, pero también las del movimiento que nacería en la ciudad neerlandesa de Leiden.

Ante la certeza de un grupo de creadores cohesionado con objetivos estéticos y estructuras teóricas comunes, la necesidad de crear un órgano de difusión aparece como indiscutible. Sin embargo, la creación de la revista De Stijl en octubre de 1917 no busca ser un simple altavoz de sus propuestas. Al igual que los miembros de este movimiento reivindican la atracción gravitacional de la pintura hacia la arquitectura, y viceversa, el diseño gráfico se convierte en otra herramienta de experimentación plástica, al igual que lo sería el diseño de muebles e industrial, que acercan la experiencia estética a los usos cotidianos y la integran en un orden estético más amplio. Un bucle y una expansión que lleva al espectador de recogerse ante una obra plástica a ser parte de su dilatada esencia.

En Weimar, a donde traslada la redacción de la revista, Van Doesburg también conoció a dos arquitectos que de alguna forma acabarían inspirando una segunda evolución teórica del movimiento De Stijl, Cornelis Van Eesterin y G. Th. Rietveld. Con ellos, realizaría varios proyectos que condensarían dicha aproximación, y que podría resumirse con esta sencillez: la arquitectura debía ser elemental, económica, funcional y no monumental.

De hecho, en una exposición que realizan en la galería L’Effort Moderne de París exponen tres maquetas diferentes en las que los planos y las superficies van ampliándose de forma asimétrica y articulados en base a un volumen central. Más concretamente, Rietveld comienza en 1923 la construcción de la Casa Schröder (Utrecht,  Holanda), en la que desaparecen totalmente los tabiques, y los muebles que él mismo también diseña subrayan las diferentes líneas y puntos de fuga que se entrecruzan sin fin.

Para entonces, a la ruptura de Theo Van Doesburg con Piet Mondrian se superpone la popularización de la teorías del movimiento De Stijl, que el gran público acoge con curiosidad en la Exposición Universal celebrada en 1925 en París. Su inclusión esta vez de líneas diagonales en los proyectos y maquetas que se presentan en dicho evento incorpora un elemento radical que puede considerarse la tercera fase en el proceso intelectual de De Stijl. La cuarta dimensión. Si bien el ancho, largo y alto son desde el Renacimiento las tres dimensiones clásicas, la especulación del tiempo se convierte en el cuarto plano de una estructura. El momento presente, el espacio en el que una idea se vive, se habita. En el que el arte se transforma en función para avanzar en su impermanecia, llevando a De Stijl hasta nuestros días no solo como un estilo pertinente y actual, sino además como un referente vanguardista.

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